domingo, 20 de septiembre de 2015

PODER JUDICIAL BAJO EXTORSION



ARGENTINA - TUCUMAN - PODER JUDICIAL BAJO EXTORSIÓN - OPINIÓN...



“SE PUEDE FALLAR LIBREMENTE BAJO PRESIÓN DEL ESTADO Y DEL GOBIERNO”
 
OPINIÓN

Después de las elecciones del 23 de Agosto, Tucumán estuvo bajo la lupa de todo un país y de un mundo que miraba  de reojo un sistema electoral perverso practicado con todas las mañas posibles. Una represión inusitada del estado ante una convocatoria espontánea, Una junta electoral  que nunca pudo mantener la mínima credibilidad y una resolución judicial que tuvo que resolver ante una acción de amparo interpuesta. Concordantemente  los intereses y candidatos presidenciables a nivel nacional pusieron sus esfuerzos mediáticos en busca de alguna ventaja. Mientras tanto  la mirada de politólogos y encuestadores se hacían escuchar todos los días. El gobierno lejos de poner paños fríos ante posibilidad de una intervención y sin ley de acefalía se desplegó bajo el famoso lema “Vamos por todo”. Paralelamente la plaza independencia acorralada por la protesta justa de los ruralistas o la gente del campo. Ante la finalización de los escrutinios practicados, el gobierno se autoproclamo vencedor   ocupando el parque con una multitud movilizada bajo su propio sistema prebendarlo. Después del fallo judicial de la cámara contenciosa competente que anulara  las elecciones y solicito nuevas elecciones el estado se desato sin medir consecuencias con la absoluta impunidad que impone el poder. Y Tucumán y  gran parte de la sociedad se pregunta: Se debe o puede  hacer algo más  para que la prepotencia, los vándalos,  no cunda lo más campantes, seguras de que la sociedad carece de medios adecuados para defenderse. Algo hay que  pueda hacerse, menos quedarse gozando de la tranquilidad de los que aún no les ha tocado ser víctimas, consolándose con el argumento de que libertinaje y despotismo hubo  siempre y esperando que las cosas algún día solas se han de arreglar. Pero actualmente eso es imposible en la práctica – sin entrar a polemizar-, culpa de quien o de quienes. Como abogado y hombre público entiendo que una "justicia bajo extorsión no es justicia".  Pero hoy, pasados los años, los argentinos no contamos con una administración de justicia que resulte satisfactoria. Pareciera que al organizar un Estado independiente los argentinos hubiéramos fracasado en lo más elemental; que en vez de mantener el buen funcionamiento de instituciones fundamentales, las fuéramos deteriorando cada vez más. Para llegar, en una progresiva decadencia, a una situación caracterizada por la existencia y la actuación de cuadrillas sin provocar violentas reacciones de la ciudadanía. Como si los argentinos nos hubiéramos amansado, llegando a comprender que es inevitable que la sociedad sea manejada por mafias, por la transgresión, por organizaciones que tienen poder y que son impunes, pues escapan a las sanciones, y frente a ellas la justicia parece carecer de los instrumentos necesarios para investigarlas y para controlarlas. Parecería muy desesperada, muy desalentada y patética la situación. Hasta que numerosos hechos aberrante y de corrupción viene a poner en evidencia que los argentinos si podemos reaccionar, tenemos energías para reclamar justicia, somos capaces de interesarnos por los problemas públicos no sólo los días de comicios sino también cuando se afectan los grandes valores de la sociedad, como son la seguridad pública y la administración de justicia. Si de las movilizaciones practicadas a la que gran parte de la comunidad ha respondido en forma vigorosa y con ánimo alentado surge -como todos esperamos- la evidencia de que las mafias, las corporaciones o prepotencias  nos son indemnes al poder del Estado sino que caen, como es justo, bajo la vigilancia y la corrección de la justicia, se vendría a demostrar que aquellos congresales de 1816 no estaban tan errados. Habrá libertades e independencias inalcanzables, o que no atraen ni interesan a una sociedad moderna, pero no se habrán equivocado al pensar que podíamos organizar el Estado; un Estado con una justicia tan capaz, independiente y eficaz, por lo menos, como la que teníamos en 1816. Pasando los años muchas veces vimos que, aunque nos costara esfuerzos y sangre, era una realidad casi palpable, un ideal accesible, una posibilidad cierta y venturosa, no un sueño ni una utopía. Y, en las vueltas que da la historia, aquel magnífico anhelo se va diluyendo, se va alejando, se desdibuja. Lo que un lejano 9 de julio nos propusimos, ser libres e independientes, ahora parece exceder la medida de una ilusión. ¿Y la culpa de quién es? Por supuesto que la culpa no es de este país; la culpa es, simplemente, de nosotros, que no supimos mantener el esfuerzo necesario ni la elevación de miras. Ahora podemos hacer dos cosas: darnos por satisfechos interpretando que los anhelos que entonces se plantearon ya están conseguidos, o que, con las vueltas que ha dado la historia se trata ya de afanes inútiles, ridículos frente a una nueva realidad, inválidos, estériles, arcaicos. O aceptar que el fracaso de nuestra empresa nacional se debe a la cantidad de defectos, de vicios, de errores, de pecados que nos caracterizan a los argentinos y tucumanos  y que conocemos bastante. Pero no es suficiente con conocer: hay que hacer un sincero propósito de enmienda y ponernos a la tarea de corregirnos, de ser mejores para que la patria de nuestros nietos pueda ser mejor.  Que aquel 9 de julio en Tucumán debe servir de recuerdo de que tenemos la obligación de curarnos de las tristes deficiencias que nos caracterizan. No se puede aceptar sin protestar que uno de los poderes esenciales para garantizar a  cada uno lo que le corresponda sea maniatado y extorsionado de manera inusitada e incomprensible.

DR. JORGE BERNABE LOBO ARAGÓN
jorgeloboaragon@hotmail.com 
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