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lunes, 15 de octubre de 2018

AMIA aun busca justicia .


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Un conocido periodista y una triste operación de prensa




AMIA, siempre AMIA… ¿hasta cuándo?
AMIA, siempre AMIA… ¿hasta cuándo?

No hay nada más anti periodístico que una operación de prensa. Para el más desprevenido, se trata de aquello que se intenta disfrazar como noticia, pero que oculta intereses non sanctos, de diversa índole.
Políticos, empresas y referentes de todo tipo se encargan de pagar a periodistas para que impongan puntuales tópicos a cambio de dinero. No importa si se trata de cuestiones verdaderas o falsas, solo hay que darlas a conocer a como sea. Sin importar que la sociedad termine desinformada. 
Sorprendería a más de uno saber que más de la mitad de los periodistas de renombre hace operaciones de prensa. Muchos de ellos empezaron en los días del menemismo, dinero de la exSIDE mediante.
Uno de los casos más renombrados es el de Román Lejtman, cuyas trapisondas fueron reveladas en su momento por Jorge Lanata. Así lo conté en una nota del año 2007 que refiere a los periodistas que cobraban por parte de la hoy AFI:
“En marzo del año 2003, en el marco del juicio oral por la investigación del atentado a la AMIA, Lanata acusó a los periodistas Román Lejtman y Gabriel Pasquini —ambos ex redactores del diario Página/12— de cobrar dinero negro por parte de la SIDE. La mención, que en cualquier otro país hubiera provocado un gran revuelo y un inevitable debate, pasó inadvertida por completo en nuestro suelo”.
En esos días, muchos desconocían que el buen Román ostentaba buenos vínculos con dos personajes bien oscuros: Eduardo Menem y José Luis Manzano.
Por ello, no es casual la referencia al señalamiento de Lanata: Lejtman viene desviando el tema AMIA desde que tengo memoria. Lo hizo a mediados de los 90 en el programa radial que compartía con el propio Lanata —Rompecabezas— y luego siguió en la misma línea a través de sus notas en diario Página/12. Allí llegó a dar crédito a hipótesis que luego se demostraron falsas —como la acusación a los policías José Ribelli, Anastasio Leal, Raúl Ibarra y Mario Barreiro, que nada tuvieron que ver con el hecho—, pero jamás pidió disculpas.
En esos días, cobraba puntualmente dinero por parte del entonces ministro del Interior, Carlos Corach, tal cual me reconociera uno de los principales asesores del exfuncionario menemista.
Pronto se supo que Lejtman actuó en nombre del exministro a efectos de ofrecerle a Carlos Telleldín 400 mil dólares para que este acusara falsamente a los referidos policías bonaerenses como autores del atentado en la mutual israelí. En buen romance, la consumación de un delito penal.
Para enmascarar la trapisonda, se dijo que era un adelanto de dinero para la escritura de un libro sobre el tema AMIA. Nadie jamás se tragó ese verso.
Ahora, pasado el tiempo, no conforme con operar para el menemismo y la AFI, Lejtman ha decidido vender sus servicios a los halcones israelíes y un sector de la inteligencia norteamericana.
Para quedar bien con ambos, decidió publicar una nota que relaciona dos mitos en uno: la posibilidad de que iraníes hubieran atentado contra la AMIA y la existencia de una célula de Hezbollá en la Triple Frontera. Respecto de ambas cuestiones, no existe una sola evidencia, solo el interés de ciertos grupos de poder foráneos.
Como sea, este domingo Lejtman decidió colar una interesante operación de prensa en el portal Infobae —me pregunto: ¿lo permitirá Daniel Hadad? ¿Será parte de la opereta o no sabrá nada?— titulada “Hezbollah puede ejecutar un tercer atentado contra la Argentina desde la Triple Frontera”.
Como era de esperar, la nota carece de evidencia —siquiera de indicios— al respecto y solo cuenta con un testimonio, interesado. Una operación de manual.
Como investigador del caso AMIA por una década y autor de uno de los libros que pululan por allí, desafío a cualquier persona a que muestre una sola prueba de que iraní alguno o miembros de Hezbollá tuvieron implicancias en ese atentado. Será complicado, ya que no hay nada de ello en todo el expediente. Nada de nada.
Contra lo que quieren instalar grupos de poder de EEUU e Israel —con la ayuda de periodistas como Lejtman, Daniel Santoro y Raúl Kollman, todos a sueldo—, el ataque a la mutual no se trató de ningún conflicto entre árabes y judíos. Fue una venganza pergeñada por mafiosos y narcotraficantes, principalmente de raigambre siria, por promesas no cumplidas del menemismo.
Ello sí está acreditado. Incluso existe la factura de la bomba que estalló en la AMIA, como ya he publicado oportunamente. Pero nadie se tomará la molestia de leer el expediente judicial, todos prefieren quedarse con lo que dicen los supuestos “investigadores” del caso, interesados.
¿No es sintomático que casi todos los que escribimos libros sobre el tema AMIA —Jorge Lanata, Gabriel Levinas, Horacio Lutzky, Juan José Salinas, Fernando Paolella y quien escribe estas líneas— llegáramos a la misma conclusión, la pista siria?
La respuesta es obvia: tiene que ver con que hicimos un buen trabajo investigativo, consultando el expediente y entrevistando a testigos del hecho, directos e indirectos. Por eso llegamos a la misma conclusión. La verdad está ahí, en esa misma causa, y no hay manera de cambiarla.
La evidencia no deja de ser evidencia, por más que un grupo de impresentables intenten retocarla a través de notas ostentosas a través de medios poco creíbles.
Me resta recordar aquello que dijo alguna vez el reconocido psiquiatra austriaco Alfred Adler: “Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa”.
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