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lunes, 15 de enero de 2024

El rayo láser -- Jeff Hecht & Dick Teresi

     



El rayo láser 




Cuando en 1960 aparecieron finalmente los láseres, escritores y productores cinematográficos concentraron de inmediato su atención en su poder destructivo y sustituyeron la palabra «láser» por pistola lanzarrayos. El láser era uno de los principales aparatos en la película de aventuras y espionaje de James Bond titulada Goldfinger, a principios de los años 60. Sin duda, recordarán a Bond (papel interpretado en aquella época por Sean Connery), atado sobre una mesa metálica por el malvado Goldfinger, con las piernas separadas, mientras un rayo láser avanza directamente hacia sus genitales. El brillante y grueso rayo rojo abría con facilidad un profundo surco en la mesa. Ni que decir tiene que habría dividido su cuerpo sin dificultad alguna.

Ésta es, pues, la imagen más popular del láser: la pistola luminosa, el rayo de la muerte. En efecto, ciertos láseres son capaces de cortar metal y otros pueden utilizarse como armas. Sin embargo, en nuestra sociedad la imagen popular del láser refleja ante todo el cariz espectacular de las obras de ficción, más que sus posibilidades reales. La mayoría de los láseres son incapaces de cortar o quemar y proyectan a lo sumo débiles y finos rayos de luz, ligeramente dispersados por el polvo. La nitidez de las ilustraciones que aparecen en este libro se ha obtenido proyectando haces de luz láser a través de nubes de humo, donde se dispersa la suficiente cantidad de luz para ser vista y fotografiada.

¿Cómo debemos imaginarnos, por tanto, el láser? Lo más sencillo es que lo veamos como una herramienta que se sirve de la luz en lugar de la energía mecánica. Una herramienta que permite al operador controlar la forma y la cantidad de energía dirigida a un lugar determinado. Con láser se puede cortar una plancha de acero de cinco centímetros de espesor o detectar un solo átomo. Se pueden llevar a cabo tareas tan espectaculares como la de generar una reacción de fusión termonuclear u otras tan aparentemente nimias como la de taladrar tetillas de biberones.


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@nib@l 2024